MENSAJE DE DESPEDIDA DE 2º DE BACHILLERATO

Buenos días a todos y todas. Estos últimos días han estado llenos de sentimientos encontrados. Por un lado, tenemos ya ganas de acabar este curso tan intenso en el que nos hemos sentido un manojo de nervios. Pero por otro lado, acabarlo supone dejar atrás una etapa que no va a volver. Nunca creímos que este día llegaría alguna vez. Parecía tan lejos. Sin embargo, aquí estamos, donde antes estuvieron tantos otros, despidiéndonos del colegio que nos ha visto crecer a muchos de nosotros. Empezamos el colegio un 17 de septiembre de 2009 nerviosos por esa nueva experiencia que íbamos a vivir separados de nuestros padres por primera vez.

Al empezar infantil tuvimos a Pili y a Sonsoles para guiarnos en esta etapa que afrontábamos con entusiasmo. Así comenzaron tres años caracterizados por jugar en la casita, las siestas con Marisa o aprender a escribir. Aunque algunos siguen con esa asignatura pendiente. Nunca olvidaremos los largos recreos jugando en el patio con una pelota, la cual muchas veces se nos escapaba al tejado. Afortunadamente siempre estaba Sandalio para venir en nuestra ayuda para bajarlas.

Siempre recordaremos cuando plantamos un árbol en el patio que ha crecido con nosotros y sigue en pie a día de hoy sobreviviendo a adversidades como la lluvia, la nieve o aquel día que el cielo se llenó de cenizas.

Y sin darnos cuenta nuestros días en infantil se acabaron y dejamos de ser los mayores del patio siendo nosotros ahora los más pequeños. Empezamos así primaria. Fueron 6 años que dieron para mucho. Tuvimos nuestros primeros exámenes y deberes pero entre recreo y recreo jugando a las peonzas en un abrir y cerrar de ojos estábamos ya en 3º de primaria y pudimos ir por primera vez a la semana blanca donde hubo más caídas de las esperadas pero siempre con muchas risas, las que nunca han faltado cuando hemos estado juntos.

En 4º nos fuimos por primera vez a dormir fuera de casa con la Week Camp en la que conocimos a Oscar quien acuñó la famosa frase Teresianas of Oviedo no disco aunque al final sí que fuimos. Un año más y ya estábamos en quinto, solo nos faltaban dos años para pasar a la ESO, el tiempo volaba. En quinto empezamos a utilizar los ordenadores. Esperábamos ansiosos los eventos del día de classcraft esperando que nos diesen los suficientes puntos como para usar el poder de cambiarnos los sitios. Durante este curso pudimos ir al encuentro de amigos de Jesús con nuestros tutores Pablo y Carmen. Nos lo pasamos genial conociendo a teresianos de toda España.

Así pasamos a sexto, nuestro último año en primaria. Fuimos a hacer surf en la Week Camp y tuvimos la cooperativa donde muchos de nosotros descubrimos una vena emprendedora desconocida. Durante los recreos convertimos las clases en verdaderos talleres para hacer potatos y pulseras. Con los beneficios de nuestra pequeña empresa pudimos ir al cine y merendar en el McDonalds.

La ESO nos recibió con nuevos compañeros y nuevas clases. La temida biología o los partes empezaron a sernos familiares. Nos tuvimos que acostumbrar a despertarnos a las siete de la mañana para ir al colegio o salir antes los martes. Muchos recordaremos ese año por el silbido, cuyo culpable no ha confesado a día de hoy. Otros lo recordarán porque fue el año que fuimos a Madrid a ver un musical. No se olvidará fácilmente la hoja de la desesperación de Martamáticas o los exámenes de mapas de sociales con Suso.

Un año clave para nosotros fue segundo de la ESO. ¿Quién nos iba a decir que este curso acabaría abruptamente por una pandemia mundial? Sin embargo, ese virus nos salvó del examen de la madera que ninguno habíamos empezado a estudiar todavía. Parecía de película y sin embargo ahí estábamos. Nos mandaron a casa por dos semanas mientras la situación se calmaba. Pero inesperadamente el confinamiento se alargó aún más y acabamos el curso desde nuestras casas.
Fue un año marcado por las videollamadas, las clases online, los anuncios de Pablo por el classroom y las tareas que nos mandaba hacer Alejandro como hacer malabares con papel higiénico o grabarte mientras te lavabas las manos. También tuvimos nuestras sesiones de interioridad desde casa y muchos descubrieron el parchís online.

Tras quizá el verano más largo de nuestra vida volvíamos a clase, pero no como otros años, pues ahora debíamos llevar la mascarilla puesta y asistíamos a clase de manera semipresencial. Con la ventilación cruzada Covid no lo cogimos, pero algún que otro catarro sí. La nueva normalidad nos trajo de vuelta los exámenes que muchos habíamos querido olvidar. Lo único bueno que trajo la semipresencialidad fue la posibilidad de ir a clase en pijama y el poder comer a escondidas, aunque a Jaime eso no le funcionó muy bien.

Y casi sin pestañear estábamos en nuestro último curso de la ESO. Debíamos elegir entre ciencias y letras apareciendo las asignaturas de Latín y Economía. Theresa nos llamaba the lost generation y Guillermo justificaba que todo lo que no sabíamos era porque lo deberíamos haber dado durante el Covid. Nuestra única preocupación de ese curso era que pudieramos hacer la excursión a la Warner que tantos otros habían hecho antes pero que con el Covid se había dejado de hacer. Durante este curso nos acompañaron Eva y Elena aunque la aparición estrella fue la famosa banda del este que robó en numerosas ocasiones a Zapico.

La situación parecía mejorar y al final del curso pudimos vernos las caras de nuevo e irnos a la Warner. Pese a los mareos y el cansancio será una de las excursiones que guardaremos con más cariño. Sin embargo, al final tuvimos que decir adiós a algunos compañeros y prepararnos para empezar el Bachillerato.

Tras nuestro paso por la ESO llegábamos a bachillerato y aunque Jesús y Theresa nos repetían una y otra vez la palabra maldita (EBAU) y que todo lo que hacíamos ahora servía para el futuro, nuestra cabeza solo estaba en dos cosas. La primera era la fiesta post-globales y la segunda y más importante, el viaje de estudios. Aquel viaje que todos habíamos esperado desde hace muchos años llegaba, y con él muchos momentos inolvidables como Samuel con la estampita de Alperi o Carlos con la maleta desaparecida. Y aunque algunos volvieron enfermos y sin ganas de comer un spaghetti más en su vida, es y será siempre uno de los mejores recuerdos que nos llevaremos de nuestra etapa aquí.

Acabamos primero y tras un verano que duró menos de lo que nos hubiese gustado estábamos ya en nuestro último curso en el cole. El día para el que llevábamos preparándonos toda nuestra vida escolar se acercaba. En menos de dos meses teníamos que tener muy claro el contenido del cancionero del popurrí pero lo más importante el vestido y nuestra pareja pues son quince años esperando para cruzar el pasillo del polideportivo cantando Adeste Fideles. El curso también tenía previsto al final otro pequeño detalle y, obviamente de menor importancia llamado EBAU, el cual no paraban de repertirnos no sé por qué.

Dicen que el ritmo de segundo de bachillerato es rápido, pero no nos imaginábamos que habría tan poco tiempo para todo, aunque alguno todavía tenía tiempo para comerse un Smint. Los globales llegaron antes de que nos hubiéramos hecho a la idea de que el verano se había acabado y casi sin darnos cuenta estábamos en navidades estudiando para los parciales de la segunda. Pese a ser un curso muy duro se nos hizo más ameno con los dibujos de Bea en la pizarra, las charlas con Carmen y las clases de culturilla general con Quique.

Recordaremos siempre también los Good Morning de Beatriz, el partido de San Enrique disfrazados o que Pearl Harbour fue una base militar estadounidense en España. Ha sido un curso muy corto y duro, pero lo hemos intentado disfrutar al máximo pues son ya los últimos momentos que pasaremos juntos.
Como ya hemos empezado este discurso parece imposible que esta etapa llegue a su fin. Siempre parece que queremos pasar a lo siguiente. A lo largo de estos quince años hemos pensado alguna vez en “qué ganas de pasar a primaria” o “que ganas de empezar la universidad”. Sin embargo, hoy estamos aquí con un sentimiento agridulce pues ahora que por fin vamos a graduarnos parece que ya no estamos tan emocionados ya que la nostalgia nos invade al mirar atrás. Por eso nos gustaría recordar la importancia de vivir en el presente y disfrutar del momento. Dejar de decir las ganas que tenemos de que pase lo siguiente para centrarnos en vivir el presente. Así podremos disfrutar de cada momento ya que el próximo, como ya hemos visto, vendrá muy rápido. Por tanto, disfrutad de cada clase, recreo y excursión compartida para que cuando os encontréis donde nosotros y miréis atrás estéis contentos con lo vivido.

Ha sido todo un camino el recorrido y no nos olvidamos del papel que han desempeñado los demás en nosotros. Por eso, queremos agradecer en primer lugar a nuestros padres por todo el apoyo que nos han brindado siempre, estando ahí cuando les hemos necesitado o simplemente queriéndonos y dándonos el cariño necesario a veces para seguir. Por otro lado, a nuestros profesores, que nos han acompañado con su paciencia para enseñarnos y haciéndonos ver que estaban ahí siempre que les pudiéramos necesitar para algo.

También agradecer al resto de personal no docente del centro por hacer que el colegio siempre estuviera en perfecto estado y en concreto al personal de cocina por hacer un bizcocho tan rico. También queremos dar las gracias a nuestros compañeros ya que esta experiencia no habría sido lo mismo sin ellos. Gracias por todas las risas y lloros compartidos que nos han hecho formar una familia.

Ahora nos toca decir adiós, pero queremos que se quede en un “hasta pronto” porque ya formamos parte de la familia teresiana y siempre estaremos orgullosos de nuestro colegio. Muchas gracias.